domingo, noviembre 12, 2006

Ella hacia el Este

La mujer. Buscarla. Corazón: el corazón de una mujer. El corazón de elefante, móvil, con un ojo de oro en el centro. El mío. El mío no es de seda. Algo lo exalta: una voz.

La mujer negra del sueño, negra por completo, negra azabache, cara, piel, boca, brazos: una figura de ébano. Sobre el río con su cauce vacío, impide el paso.

miércoles, noviembre 01, 2006

El otro del diario

4.

Espejo

Tal vez ajena al daño que provocás, venís, descargás tu golpe y seguís como si nada, justo como el pie que transforma el mundo de la hormiga en una mancha con patas y pelos.

Y ahora, con las manos vacías me siento un tonto, intentando tomar tu corazón por asalto, enfrentándome a mí mismo. Jugando a ser el amo siendo sólo el esclavo. Deseándote de mil formas y extrañando tus abrazos. Brazos que sólo probé en sueños.

¿Qué hago ahora, cómo sigue, cómo empieza esto? Mejor terminar acá. ¿Qué hago con las palabras escritas que ya quedaron viejas, con esta sensación de sentirme ajeno al mundo, tu mundo? Y acá siempre buscando la perfección del momento y ese juego previo, intenso, erótico. ¿Viste? Esto de sentirme querido y a la vez deseado.

Entonces te digo esto, esto de que a veces me pasa que no sé lo que me pasa, de estas ganas de abrazarte, así, casi inocente, casual, pero a la vez algo cargado con el peso de los cuerpos tocándose. O que a veces sólo me gustaría apoyar la cabeza en tu panza y morir un rato, sentir tu mano en mi pelo, la otra tirada así nomás en la espalda con descuido. Sólo morir un rato, escuchar tu voz acolchada hablando de cualquier cosa sin decir realmente nada. Palabras entre sueños. O que a veces sí sé lo que me pasa, pero no estás ahí para escucharlo. Decir quizás eso de zambullirme en tu cuello y perderme en esa tormenta calma que es tu pelo. Hacer noche ahí, desde donde seguro se ve mejor el cielo.

A veces da miedo, a veces te veo, te invento, a veces, te juzgo, te analizo. A veces te creo, juego, a veces me enamoro, a veces te odio.

Así de cerca te tengo pero hay un cristal que no me deja alcanzarte. Un cristal que yo puse.