viernes, junio 27, 2008

Ella hacia el Este


4 milagros/

fuego agua aire tierra

Ella hacia el Este: Milagro de fuego

Milagro
de fuego

Los campos de Bulgaria
se incendian
espontáneamente.

Hileras de fuego
sobre el campo
dividen la tierra.

En Bulgaria
el fuego es de temer.

Los niños se acercan
a los campos
y ríen,
con complicidad:
les encanta el peligro.

En Bulgaria
el fuego no quema:
atrapa los corazones
clavados en cuchillos
y los enciende.
De rojo.
El cínico se vuelve fuego,
El melancólico se vuelve fuego.

Los muertos festejan
el fuego de arriba
mientras arden
en el débil fuego de abajo.

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Ella hacia el Este: Milagro de agua

Los peces en China presienten
los temblores de tierra
y unos días antes se lanzan a las orillas.
Yo, sin embargo, cerca del océano,
miro el horizonte.
Respiro en silencio y observo
el plateado de los peces
que se acunan en el agua.
[Hermosismo 2/]

Milagro
de agua

Había una mujer
que observaba
el mar de cerca.

Era pequeña,
con un vestido
de peces verdes y dorados.

Un día, dos,
cinco, seis.
Sentía en los pies
la vibración del agua.

En su casa desbordaban
las canillas y la ducha.
Sus vestidos
eran algas de colores.

El milagro
sucedió
en enero.

El mar inundó
su cuerpo,
los sentidos,
los ojos,
las manos,
el pelo mojado,
hasta gotearle la nariz.

Pero antes
de disolverse
en mil gotitas,
antes
de disolverse
junto al mar,
pensó:
Yo lo sabía.

Y su brazo,
que se derramaba,
se enlazó
con el hombre plateado de sus sueños.

En China, el mar brilla más que el sol.

Ella hacia el Este: Milagro de aire

Milagro
de aire

Asia
llevaba
papeles de seda.

Su hermano
construía armazones:
todo funcionaba
en sus manos.

Ella tendía la tela
sobre la madera
hasta soltar el barrilete
y sostenerlo
con hilos dorados.

Asia decía:
Quiero ser una mariposa azul.

Él la miraba extrañado
porque no creía.

Hasta el milagro.

Asia, de Budapest,
vió en la noche
una luna menguante y una estrella.

Salió en la oscuridad,
caminó y subió
una negra montaña.

Sentía menos
los pies que las manos.
Sabía que el corazón
se hacía de seda.

Sentía lo conquistable
que era la tierra
y se hacía aire.

Se sentía liviana
como pulmones.

Antes de irse
besó a su hermano,
rodeó su cuerpo
como un viento
y él nunca envejeció.

En Budapest, el aire es azul como la seda.

Cerca el milagro: Budapest


Ella hacia el Este: Milagro de tierra

Milagro
de tierra

En Nigeria
hay un hombre
que escucha
tambores.

El hombre
mezcla tierra
negra con
tierra blanca.
Y escucha.

Tambores
Tierra
Tambores
Negra
Tambores
Blanca.

Y siente
la tierra
entre sus dedos
escurrirse
y teñir.

Mira el horizonte
y ve
que la tierra
se levanta.

Y él se tiñe.
De negro,
de blanco.
Cree ver venas de tierra.
Corazones de tierra.
Mujeres de tierra.

No comprende
que es parte
de un milagro.

Hasta que ella
se levanta
a los lejos.
De entre un cúmulo
de arena y piedras.

La mujer negra
Del sueño.

Negra azabache,
Cara, piel,
Boca, brazos.

Una figura de ébano
que lo espera
sobre el cauce vacío
del río.

Tambores
Él
Tambores
Ella.

Tambores
dos pieles
que se mezclan
sobre la tierra,
en un abrazo
espantoso
que los desordena
y los une.

En Nigeria, la tierra sí es de temer.

jueves, junio 26, 2008

Ella hacia el Este: amor amor

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto...

domingo, junio 22, 2008

Ella hacia el Este

Buscar.
No es un verbo sino un vértigo.
No indica acción.
No quiere decir ir al encuentro de alguien
sino yacer porque alguien no viene.
Alejandra Pizarnik.

lunes, junio 16, 2008

Ella hacia el Este: pura sorpresa

La irregularidad,
es decir,
lo inesperado,
la sorpresa
o el estupor
son elementos esenciales
y característicos
de la belleza.
Charles
Baudelaire

jueves, junio 12, 2008

Diario de Anaïs Nin

Hay una gran continuidad en mis relaciones con la gente; mejor dicho, en mis afectos. Rechazo los contactos breves, fortuitos, irreflexivos. No hay en ello el menor rastro de Marte, ni amor a la interrupción, la guerra, la acción, sino un esfuerzo paciente, subterráneo, delicado por destruir la soledad de los seres humanos, un interés por los detalles, por la integridad. Me entrego a esa obra creativa como a ninguna otra. No es casual que mis amores y amistades ocupen un lugar tan inalterablemente importante en mi vida.

Al cabo de veintiún años de hambre, sueños, renunciamento y distanciamiento, la realización se vuelve una consumación abrumadora y peligrosa. Todos mis deseos se realizan. Al contemplar todo lo que se me ha dado, siento una felicidad tan grande que me siento preparada para la muerte.

Amo a todos. ¡Demasiado, demasiado para que lo soporte un ser humano!

martes, junio 10, 2008

Ella hacia el Este: XXX

Estaba ahí.

Es tan difícil, doloroso, vulnerable el corazón de todo esto que pasa, que quisiera poder alejarlo de mí. Quizás quiero que al menos la palabra ocupe el espacio donde vos no vas a estar jamás.

Lo imposible de la cuestión hace que le de tantas vueltas al asunto, a lo que siento, que no tiene salida, por eso dije: construiste un laberinto para mí.

Primero fue una especie de desconcierto: no entendía nada de lo que veía, escuchaba, hacía, decías. Pero empezaron a brotar palabras, como un orgasmo que dura muchísimo, pero que una vez que se acaba, el cuerpo no tiene dónde ir. Y otro orgasmo y nada. En esos espacios vacíos es donde puedo pensar en mí, en mi vida. Lo otro es la vida.

Un día estaba caminando y vi unas luces. No. Unas luces me hacían señas, insistieron. Me parecían fascinantes, mágicas, impetuosas como el mar. Y me acerqué demasiado a ellas. Porque ellas son vos. Vos sos ellas. Después te seguí, y demasiado tarde, que ya nadie llevaba a nadie o que yo era una simple ondulación sobre las olas. Te escribí mil veces, me alumbraste, con vos vi una cosa nueva del mundo.

Y el escalofrío del otro día apenas me acerqué. Mi cuerpo iba solo al encuentro, como los animales presienten que son presas. Me sorprendió lo bien que mi cabeza iba manejando hasta que mi cuerpo me advirtió. Algo en mi piel está vivo, quiere poseer ese fragmento de vida que se acerca, absorberlo, beber todo lo que haya que beber y morir. No le importa. Mi razón se resiente, insiste en que no puede ser, que esto es imposible: mi amor por vos.

Diario de Anaïs Nin

Todo lo que descubrí sobre tu vida y sobre vos se corresponde con lo que yo anhelaba que fuera verdad. Comprendo que buscaba vagamente lo mismo en otros, pero vos, sólo vos, llenás el gran vacío que encontré en el mundo. ¿Sabés qué significó el cristal roto? Representaba el mundo irreal en que vivía. El bote, el mar. [...] Cuando volviste, la realidad se volvió hermosa, gratificante. Rompí la imitación, el sueño: el mundo artificial, congelado, muerto. Como escribiste: "Resucité".

Era como si por fin hubiera conquistado mi cuerpo. Me siento poseída por poderes mágicos, por una potencia mágica!

domingo, junio 01, 2008

Ella hacia el Este: permanece

el vínculo permanente,
el hilo que sostiene
eso que se despliega en el aire,
y que incesantemente miramos.

entre vos y yo
un vínculo permanece
no importa la distancia,
las horas en la noche,
los silencios impacientes,
la locura de saber,
la melancolía de mirarnos
en el cielo.

en el vínculo permanente
uno presiente al otro,
buscados,
extendidos,
como un hilo que sostiene
eso que se despliega en el aire.